Ramalazos de institucionalización en el rock and roll. Una puta pena. Con lo que el ha sido se ha quedado para que cualquiera pueda asistir a un festival con la seguridad de poder permanecer en un ambiente totalmente aseptico en el que no les faltarán camisetas conmemorativas, inodoros químicos, cuerpos de seguridad y diversiones alternativas. Un sitio donde puedes ir con tus padres o con tus hijos y donde nadie va a revelarte nada más que un par de canciones que perderan vigencia antes de cambiar de década. Creo que todo esto empezó en el Woodstock de 1994. Me da la sensación de que aquellos fueron los úlimos años en que tanto la música como yo fuímos jovenes. Los grupos que actuaron en aquella falsa reivindicación de unos esloganes caducos pero vendibles me interesaban tan poco como me vienen a interesar ahora los comentarios de las triples personalidades o los grupos que tocan este fin de semana y el que viene en Madrid. No te equivoques, sigo escuchando a Neil Young, pero verle tan fuera de contexto es algo a lo que me resisto a pesar de que el bueno de Neil se haya convertido en un responsable padre de familia que ronda los setenta. Aquel verano de 1994 tuve que pasarlo por unas cuestiones familiares en casa de mi amigo Atila. El acababa de conseguir su primer curro y le esperaba al mediodía con la comida hecha. Luego veíamos Sensación de Vivir. Nos ibamos a la piscina. Bebíamos Coronita a todas horas. El viernes en que empezó Woodstock 1994 pasamos al lado de una frutería que acababa de recibir producto para la venta y buscando limones para nuestras cervezas mexicanas robamos un cajón de naranjas. Al día siguiente lejos de la tiranía laboral nos fuimos a la piscina del barrio a escuchar el concierto a través de una radio de aquellas que tenía doble pletina. Seguimos bebiendo cerveza y regalabamos a todo el que quisiera una bolsa de naranjas. Por unas horas fuimos los borrachos amos de un lugar sin borrachos. Aquello fue en 1994. Hoy Atila espera su primer hijo, vive en una comunidad con piscina propia y gana en un mes más de lo que que yo gano en medio año, pero si le preguntas por ir al Rock in Rio con su mujer y algún matrimonio que haya conocido a través de su trabajo te mandará a tomar por culo y te dirá que el se va la semana que viene a ver a Iron Maiden con los colegas de toda la puta vida.
Por suerte hay cosas que nunca cambian.
Sonando:
Dropkick Murphys. The burden.
Del LP "The warriors code"

