29.2.08

Supongo que todos conoceis la historia.

El tipo descubre un día que su perro ha desarrollado la capacidad de hablar. Al principio son palabras sueltas referidas en su mayor caso al sustento, pero al pasar de las semanas, la gramática, la sintaxis y la construcción de frases es casí la de un ser humano... la de un ser humano que no utilice los ladridos para sus conversaciones sobre política, futbol o las desavenencias amorosas de los famosos. La televisión cada día me da más miedo. Sea como fuere el tipo pasa cada vez más tiempo hablando con su perro sobre el que siente una suerte de ascendente intelectual al comprobar que las opiniones del cánido sobre casi cualquier cosa son bastante absurdas y carentes de logica. Sería sencillo culpar al perro de este hecho, pero hay que tener en cuenta que las opiniones nacen la mayoria de las veces de la experiencia propia y este perro, como todos los de su raza, poca experiencia podía tener en nada que no fuera comer, dormir, corretear por la casa mordiendo todo aquello que se le pusiera a la altura del hocico y oler ojetes ajenos y propios. Lo que de verdad debería asustarnos es la experiencia que tienen aquellos bipedos que las más de las veces se expresan con ladridos.

Cierto día el tipo, agobiado por la crisis económica en la que se ve inmerso el planeta entero se pregunta a donde va a parar el dinero que todo el mundo está perdiendo si es todo el mundo quien lo pierde. ¿Se beneficia Marte de las crisis economicas mundiales? Al no hallar respuesta decidé llevar a su fiel animal de compañía a una cadena televisiva para hacer participe a la humanidad entera de la capacidad que tiene su perro de hablar y de esta forma embolsarse unos cuantos euros. Piensa que puede que este acto desmonte muchas teorías sobre la evolucion de las especies pero la ciencia, amén de hacerle suspender una y otra vez un par de asignaturas poco le importo nunca, como tampoco le importa el que demejante demostración de inteligencia animal desmantelase una institución como la Iglesia al lograr hacer aguas de una forma más que evidente la milenaria afirmación de esta de que la inteligencia es la representación directa del alma siendo esta de propiedad exclusiva del hombre, pero cuando los tipos de interés suben, la Iglesia importa bien poco aunque sean muchos los que se encomiendan a dios cuando se acerca el fin de mes que a ojos del desesperado es muy similar al fin de los días.

El tipo y su perro, el perro y su tipo van a una televisión local donde no le dejan ni explicarse y comienza ahí un largo y lento peregrinar que acaba en la oficina del jefe de programación de una cadena famosa por emitir debates entre lideres sindicales además de cualquier tipo de basura sin fundamento, por lo que el protagonista de esta historia no ve dificil que acepten emitir su basura ya que de fundamento precisamente no carece. Y puede parecer que calificar la capacidad de un perro para hablar como basura sea cuanto menos ofensiva, pero pensemoslo mejor y preguntemonos prescindiendo de los sentimientalismos que, gracias a Walt Disney, despierta el hecho de que un animal hable ¿a quien coño le importa que hable un perro? ¿cambiará mucho la humanidad por esto cuando el animal ha demostrado ser tan solo un animal por mucho que se exprese? ¿de verdad pensamos que tenemos mucho que aprender de seres que devoran a sus propias crías por no decir que comen sus propias heces? Que si, que a mi que se carguen a King Kong también me parece una putada, sobre todo cuando son los hombres quienes le sacan de su habitat natural y se lo llevan a la ciudad, pero no nos olvidemos que el mono en cuestión se zampaba una mujer cada más o menos dos semanas, y que si los pobres indigenas de la Isla de la Calavera no le daban en prenda a la buena moza, el mono era capaz de cargarse la aldea entera. Y no deja de ser cierto que San Francisco llegó a predicar a los animales, pero que se sepa estos ingratos nunca le dieron respuesta y si se la hubieran dado seguro que hubieran hablado de como huelen los ojetes de sus congeneres y se hubiera pasado por el forro del mismo agujero anatomico cualquier indicio de humanidad.

El jefe de programación de la cadena televisiva mira al perro y mira al dueño para luego volver a mirar al perro tras lo que solicita sin mucho preambulo una prueba de que el animal que rasca su oreja con su pata trasera es capaz de hablar. El tipo se pregunta si alguna vez en la historia de esta cadena televisiva se ha puesto tanto enfasis en descubrir la verdad de una de las historias que va a emitir, pero convencido de que la verdad nos hará libres y que en este caso particular le liberará de la molesta carga que supone el pago de la hipoteca, mira a su querido perro y le pide que hable. Tras unos segundos de silencio queda más que claro que el perro nada va a decir por lo que su dueño vuelve a intentarlo y lo intenta una y otra vez obteniendo una y otra vez el mismo silencioso resultado. Y lo intenta y lo sigue intentando implorante hasta que casi se le saltan las lágrimas por sospecharse loco al haber imaginado que su cánido era capaz de hablar o por ser cada vez más consciente de que teniendo en su mano la llave de la liberación ecónomica esta se va a demostrar inutil en el ultimo momento, que en lo que a liberaciones se refiere es el más cruel de los momentos para que se comprenda que nada de lo que deseabamos se va a cumplir. Y lo sigue repitiendo hasta que el ejecutivo director de programación mira su reloj e invita amablemente tanto al perro como al dueño a abandonar sus oficinas.

Al salir del edificio el apesadumbrado dueño mira a su perro que menea la cola feliz al haber conseguido un caramelo de una de las recepcionistas de las instalaciones que acaban de abandonar. Mira a su perro y tras superar un momento de fiebre asesina le pregunta:

- ¿Por qué no has dicho nada?

El perro deja de menear el rabo, mira a su amo y sentandose sobre los cuartos traseros abre la boca y le contesta:

- Joder tio, es que no tenía nada que decir.





Sonando:
Nick Cave and The Bad Seeds: Albert goes west.
Del LP "Dig!!! Lazarus Dig!!!".